Posiblemente que todas las personas nazcamos con este afán nos lleva a justificar el sentimiento de rivalidad con todos los que nos rodean, en los diferentes planos de la vida personal, sentimental, profesional o familiar.
En el plano personal antes de saber balbucear nuestro nombre ya sentimos la necesidad de acaparar la atención de la cuidadora por delante del resto de bebés que nos rodean; e incluso dentro de casa, todo niño anhela el amor y la atención exclusiva de sus padres ; quiere ser amado al máximo y compite con su hermano con uñas y dientes cuando es necesario.
Estudios de Psicología Infantil establecen que la intensidad de la competencia entre hermanos depende en gran medida de la edad de los niños. Si la diferencia oscila entre 18 meses hasta 2 años, la rivalidad tiende a ser mayor. Si la diferencia es menor de 18 meses o más de 2 años tiende a ser mínima, debido a que, en un caso el hermano mayor es muy pequeño y apenas nota la llegada; y en el otro caso, porque con mas de dos años es más improbable que se sienta amenazado con la llegada de un nuevo hermano y percibe que las relaciones con sus padres están lo suficientemente firmes.
En el plano profesional la competitividad entre marcas si antes se mostraba de forma menos sutil y evidente sólo en determinados sectores, en la actualidad con solo ver un paso de anuncios televisivos te das cuenta de que la rivalidad extrema en forma de publicidad comparativa agresiva, espionaje y robo de ideas y estrategias entre marcas se ha generalizado y se encuentre en practicamente todos los negocios que pretenden sobrevivir en una tormenta económica como la actual.
SECTOR DEL CONSUMO: Pepsi vs Coca Cola
SECTOR DE LA AUTOMOCIÓN: Audi vs BMW vs Jaguar
Frente a todas estas muestras de rivalidad, competitividad, luchas y enfrentamientos… una fábula escrita por Esopo, posiblemente no por primera vez, en el año 600 a.C. y aplicable en la actualidad para demostrar que la rivalidad no es siempre útil, y además dar apoyo a dos de mis teorías personales…








